Una noche con…
Todos estábamos listos para la excursión. Era más un viajecito privado entre amigos. Decidimos alquilar un bus, en el que todos podríamos ir no solo juntos sino también compartiendo chistes, bromas, etc.
Desde el momento que el bus comenzó a avanzar, la música de igual manera comenzó a armonizar el ambiente juvenil y espontáneo. Yo iba sentada junto a otras amigas, con las cuales íbamos riéndonos de las locuras que decían y hacían los muchachos. De pronto el bus se detuvo, y todos nos sorprendimos, ya que todavía no habíamos llegado al destino acordado. Así que la inquietud de todos comenzó a reinar.
Justo ahí, frente a un parque… estaba el bus sin moverse y aunque todos le gritábamos al conductor que por favor avanzara, ya que estábamos perdiendo valioso tiempo de diversión contando con el lugar a donde nos dirigíamos. Justo en ese momento de discordia, el conductor hizo un gesto diciéndonos en este “ya viene” … entendimos que estábamos esperando a que alguien mas subiera al bus… pero a quién? Si era un viajecito privado!
Y ahí… su primer paso dentro del autobús… un hombre de unos treinta años con la calidad de estos, pero la juventud de la mirada. Pícara y conmovedora. El perfecto culo galáctico que hipnotiza con la sonrisa de un lado, atrayente con un par de camanances en cada lado de su boca. Entre cerrando sus ojos, por el sol que daba justo en su rostro, se veía lo azul océano de sus ojos. Sus pestañas hacían esta gran sombra de protección en cada parpadeo. Las mujeres que íbamos en el bus se nos expandió la mirada, y chequeamos de pie a cabeza, este espécimen en extinción frente a nuestros ojos. Con unos jeans azules y una camiseta blanca. Una mochila en su espalda y en la mano cargaba una chaqueta de cuero negra. Al entrar al bus, su mano agarró uno de los tubos para balancearse en el impulso de subir, y sus brazos notaron esta exquisita musculatura griega.
El Apolo había terminado de entrar al bus... en una cámara lenta y la canción de Lady Gaga de fondo “That guy is a monster”.
El bus volvió al camino hacia este resort precioso al que llegamos momentos después. Todas las mujeres estábamos atónitas con el individuo sin nombre, pero cada quien le preguntaba a su compañera de asiento “quien es él?” Todas hacíamos señas entre nosotras, para descifrar al individuo que había cautivado nuestros sentidos en la media hora pasada. El Apolo en cuestión quien se había quedado sentado en el primer asiento con su mochila a la par, estaba solo. Y nos dejaba ver su cabello brillante, sedoso y castaño. Yo, que seguía inquieta… divisé su mirada a través del retrovisor… y me sonrojé al ver que me estaba viendo… me dio pena, saber que me avanzó en la acción de quererlo ver. Pero también me inquietó que él me miraba igual. Mi temperatura se descontroló y me dio tanto frío como calor… “Que hombre tan hermoso!” pensé.
Todos nos bajamos del bus inmediatamente que se detuvo ya dentro del lugar al que íbamos. Había mucha gente esperándonos, pero no teníamos idea del porque esto… la mayoría eran mujeres descontroladas en gritos y con pancartas… de pronto, mis amigas y yo, nos fijamos que esta multitud de mujeres, tenían muchos carteles en las manos y posters que decían “Te amamos”, “Bienvenido”… Cada una nos preguntábamos “Para quien es todo esto?”
El Apolo fue el último en bajar del autobús, y todas las mujeres corrieron a quererlo abrazar… Yo, que había compartido una mirada con él. Me sentí excluida totalmente e ignorada. Hasta sensación de que estorbaba tuve. Despegué mi mirada del cuerpo de él y decidí seguir caminando con mis amigas, a la cabaña que nos correspondía a mi grupo.
Esta cabaña era tan linda, que olvidé por un instante al hombre aquel que me noqueó con su sonrisa malvada… Pero mis amigas seguían hablando de él sin parar. Cada quien puso su maleta en las mesas que estaban junto a las camas con cobertores gruesos y de colores románticos. Al rato una de mis amigas, encendió el televisor que había en la cabaña. Y una de ellas gritó como loca “Es él!!” todas dirigimos nuestra mirada a la pantalla y gritamos mas “Si! Es él” casi en coro armonioso.
A todas nos invadió el nerviosismo… y una dijo “No puedo creer que venía en nuestro mismo bus..” mientras otras decían “Y como es que no lo reconocimos?, somos unas estúpidas!” y asi cada quién hacía un comentario haciendo notar que el Apolo aquel era el actor famoso que estábamos viendo en la televisión. Yo dije “pero, que hacía en nuestro bus? Si se supone que era privado?” y una de ellas dijo: “Ayyy Lidia, para que te complicas siempre en cosas irrelevantes!”
Los gritos seguían afuera de la cabaña en la que estábamos, y podíamos ver por las ventanas el alboroto. Al rato de unas horas, el ruido mermó y la inquietud se hizo más grande en mi estómago. Ya era de noche…Tocaron la puerta… una de mis amigas se levantó corriendo a abrir. Y ahí estaba… “Buenas noches” Dijo el Apolo/actor/adonis
Todas nos dio un shock de la belleza malévola del hombre en la puerta. Pero él, sin duda en su actitud caminó hacia donde estaba yo y se sentó en mi cama. Agarró mi mano y dijo “Te vi en el autobús y quisiera hablar contigo” … me sorprendió mucho y me invadió el nerviosismo obvio. Mi rostro tornó colorado del exceso de alegría y disparate. Mis amigas, estaban tan sorprendidas como yo… pero me tiraron al mar de la ansiedad y se salieron de la cabaña, sonrientes y cómplices.
“Me dejaron sola con el griego!” gritaban mis pensamientos… -es incómodo resistirse al magneto sublime del sex-appeal personificado en un hombre.
Sin pensarlo dos veces, este hombre movió su rostro como un cachorro…. En busca de un poco de carne era el movimiento de su espalda, como un puma desplazándose despacio. El gato angora, desgarró mi tela invisible entre él y yo. Saltó el muro de hielo que otro dejó, se asió de mi, y me besó. Sin resistencia me apresé en sus labios, con besos de apoco me subordinó a la voluntad de su pecado y me llenó de pasión la piel. Su cuerpo que había perdido el control, era esclavo de mis deseos en él. Y la carne expresó un pecado nato. Sus besos eran cada vez más intensos y despavoridos. Sus manos dominaban mi cuello, mi nariz parecía enterrarse en su piel cada vez más. La satisfacción de sentirse deseado, tiene pocas comparaciones… entre besos y caricias, sus dedos se entrelazaban en mis cabellos, y me decían sus palabras al oído “Eres hermosa” … saludando al extraño estaba yo en esa cama de vergüenzas y desafíos. Las sábanas cubrían frente a lo visible un pecado, abominable, predispuesto.
Al cabo de los minutos, cuando él se satisfacía del olor de mi piel… me preguntó “Como te llamas?”
“Lidia, me llamo Lidia” Dije, como exhalación de un último suspiro … “Y tú, como te llamas” pregunté
“Ian, me llamo Ian Somerhalder” dijo con sonrisa pícara …
Me abrazó tanto, que puedo sentir todavía sus brazos. Y aunque pensé que se iría, sigue cerca… sigue aquí.
“Lidia, Lidia.”Gritaban desde afuera y tocaban a la puerta.
No quería abrir, ni siquiera levantarme de la cama. Ian sonriente, dijo “Vamos a cenar”
… y mi estúpida sonrisa aún la siento en mi rostro.
“Lidia, Lidia, despierta! “ dijeron “Es hora de irnos a la Iglesia” Dijo mi hermano Benjamín
… Que sueño tan brutal jajajaja… Así pasé una noche con Ian Somerhalder jajajaja